29 de diciembre de 2013

Nacía Jess Willard hace 132 años

El 29 de diciembre de 1881, hace 132 años, nacía Jess Willard. Se trata de entre todos los campeones mundiales que han sido --él lo fue en peso completo--, el que debutó como profesional a mayor edad, 29 años, 2 meses y 5 días.

'El gigante de Pottawatomie', como se lo llamó (por su ciudad natal, en Kansas), llegó a campeón del mundo de modo extraño. El 5 de abril de 1915 derrotó a Jack Johnson en el Oriental Park de La Habana, a mediodía y en un clima sofocante. Jack cayó en el round 26 y en la lona esperó el 'out' del réferi Jack Welsh. Tal vez Johnson se dejó ganar. Los historiadores jamás se pondrán de acuerdo y además nadie puede olvidar la famosa fotografía (está en el libro EL BOXEO EN NÚMEROS) en la que Johnson 'está noqueado' pero se cubre la cara con el antebrazo derecho presumiblemente porque le molestaba el sol. Johnson estaba en el exilio, tenía serios problemas con el gobierno de su país, y se dice que habría negociado el regreso aceptando que tenía que perder la pelea. ¿Por qué? Porque necesitaban que dejara de ser tan popular. Todo lo que hacía al gobierno le molestaba, mientras la gente más y más lo aclamaba.

El paso de Willard por el campeonato fue fugaz. Un año después hizo la única defensa exitosa al ganarle a Frank Morán en pelea titular a 10 rounds en el debut de Tex Rickard como promotor en el Madison Square Garden. Jess obtuvo una bolsa de 47,500 dólares y ganó casi todos los rounds según la crónica que leí en el Washington Post.

Tras un largo retiro de más de 3 años enfrentó a Jack Dempsey el 4 de julio de 1919 en la famosa batalla de Toledo, Ohio. Dempsey literalmente lo hizo pedazos, tirándolo 7 veces en el primer round. Un cronista escribió que pensó que a Willard lo iban a matar.

A continuación pego para ustedes el video de tan famosa pelea de hace más de 94 años, que tiene una calidad sorprendente, y que considero que ningún buen aficionado debe desconocer.

Willard volvió a pelear en 1923, sólo para comprobar que mejor se hubiera quedado en casa porque el argentino Luis Ángel Firpo lo volvió a castigar duramente noqueándolo en 8. Tenía 41 años. Entonces sí aceptó retirarse. Murió en 1968, en diciembre, cuando estaba por cumplir 87 años.

28 de diciembre de 2013

¿Qué les parece esta foto?

1 de septiembre de 1906. El danés Battling Nelson llega a Goldfield, Nevada, para pelear con Joe Gans por el título mundial de peso ligero y lo recibe una multitud enloquecida.

Combatieron el día 3, y se impuso Gans después de 42 rounds. Nelson (récord de 40-10-13) fue descalificado por aplicar un brutal golpe en los testículos a Joe. Gans ganó una bolsa de 11,000 dólares y Nelson 22,500. La taquilla fue de 90,000 dólares. Kermit, hijo del presidente de EEUU Teddy Roosvelt, estuvo presente.

Gans fue uno de los 4 grandes campeones mundiales de peso ligero, con Roberto Durán, Benny Leonard y Tony Canzoneri.

27 de diciembre de 2013

El peor amigo del perro

Los animales y la naturaleza son poca cosa para el hombre cuando el hombre es poca cosa.

Querer y respetar la vida es un privilegio de personas educadas, porque labrar el amor requiere esfuerzo e inteligencia.

Los amantes de los perros, los que estamos persuadidos de que los animales tienen derechos, nos debatimos en un mar de aguas encrespadas por vencer la indiferencia y la crueldad, patrones sempiternos del trato que el hombre les provee.

Promovemos la esterilización como el único medio incruento y aséptico de control de la población canina en las ciudades porque sabemos que casi todos los perros que nacen en el mundo vienen a padecer un insondable sufrimiento.

Al mismo tiempo reprobamos la industria de las tiendas de mascotas que venden animales, porque crean relaciones no amorosas que se dan cuando la compra del animal es por un divertimento pasajero. El niño, por ejemplo, que compra un perrito como se compra un juguete de plástico, y que después, cuando el animal crece o la familia sale de vacaciones, lo deja abandonado porque ya no lo divierte o porque no puede cuidarlo. El que hace un comercio de vender animales, si vende diez perros reproduce diez perros, si vende cien perros reproduce cien perros.

Los perros que pueden adoptarse en los albergues tienen una sola diferencia con los perros de las tiendas de mascotas, y es que están sucios. Se bañan y ya está. Son tan maravillosos amigos y tan cariñosos como el que trae un estúpido certificado que pretende avalar su abolengo.

La grandeza de un hombre –la de usted o la mía, si acaso podemos aspirar a alguna- está en ser bondadoso pudiendo ser malo, porque ser bueno cuando se está acorralado o no se tiene posibilidad de escoger, no tiene mérito. Ser piadoso con los seres física o intelectualmente inferiores es un imperativo moral para el superior, si no, no es superior. Es, al contrario, un esperpento de arrogancia que pone a su especie, porque sí, por encima de las demás que habitan el planeta.

Es ilógico e inmoral, es vergonzoso para nuestra especie que siendo el perro el mejor amigo del hombre, sea el hombre el peor amigo del perro.
La mayoría de los hombres torturan por crueldad, por indiferencia, por ignorancia, por estupidez o por sádico placer a casi todos los perros del mundo. Ninguna de estas actitudes son adornos para quienes las ejercen. Suelen decir “al fin y al cabo es sólo un animal”, expresión irreflexiva y rastrera con la que descartan sin ver las cualidades del “sólo un animal”, y les niegan derechos.

En estos tiempos difíciles para la bondad y para el optimismo, tiempos de corazones avariciosos y espíritus devastados, suelen decirme que es pueril hablar de perros que sufren.

“¿Por qué te preocupa el bienestar de los perros si hay tantos niños hambrientos?”, es algo que escucho y escuchamos todos los defensores de animales, cada día.

Se pretende que son dos problemas diferentes, uno los niños, otro los perros. Yo creo que es un solo problema que se reduce a la crisis del hombre y de los tiempos que vivimos. El planeta da alimento para el niño y para el perro, pero no lo lleva a sus bocas. Son sus padres y sus amos, sus gobernantes y sus pastores, sus líderes y sus ilusionistas los que hacen mal reparto de los bienes y de la justicia.

No sólo los perros y los niños necesitan ayuda y amor. Hay ancianos, seres hambrientos, individuos enfermos, hombres tristes, solitarios, encarcelados o adictos a las drogas que mendigan su cuota de solidaridad. Y no es quitarle alimento a los perros para darle a otros desamparados la solución milagrosa para todos los males. Nada se va a solucionar en el mundo del egoísmo y la perversidad mientras la conciencia de la humanidad no camine hacia otros rumbos.

Nunca vi a un perro deambulando por las calles buscando a quién morder, nunca vi a un león trasladándose desde la selva a quitarle la vida a un ser humano de la ciudad, o a un toro buscando la plaza y a un sujeto vestido “de luces” para embestirlo. Es el hombre el que apalea al perro, lo amarra con cadenas, lo aísla y le niega el agua, y después le dice “perro asesino” cuando el animal reacciona defendiéndose.

La insobornable fidelidad del perro, que no conoce el más fiel de los hombres, paga demasiado caro el mendrugo de amor que a veces recibe.

Los perros aúllan su pena eterna, mientras los hombres torpes hacen eterna la pena de vivir en la oscuridad. Pareciera que se levantan cada mañana a buscar bienes, bienestar, recursos, pero todo lo estropean. Han cambiado el amor por el dinero y el buen nombre por el éxito. No respetan al río, al árbol, al perro, al vecino, al amigo, y alguna que otra vez dicen que no comprenden por qué no hay justicia, por qué no hay paz.

Desdichados perros. Desdichada humanidad.

19 de diciembre de 2013

Agonizar en Navidad y morir en Año Nuevo

Hace más de 91 años Billy Miske peleó con Jack Dempsey y recibió la paliza de su vida, en 1920, en Michigan.
¿Quién era Billy Miske y por qué viene al caso rememorarlo hoy? ¡Tantos años han pasado! ¡Asunto tan inveterado!

Les voy a contar una historia conmovedora alrededor de uno que fue conocido entre los más valientes y osados que se hayan parado dentro de un ring.

Billy Miske, “el trueno de Saint Paul”, había nacido en esa ciudad de Minesota el 12 de abril de 1894, y había debutado como profesional en 1913. A lo largo de once años hizo una buena carrera como boxeador con 58 peleas, sólo tres de las cuales fueron derrotas. Empezó como peso medio y terminó como peso completo de poco tamaño físico. Fue un “underappreciated”, como se les dice en inglés a los subestimados, a los que valen más que el reconocimiento que han recibido.

Sus años fueron los años más duros del boxeo, cuando se peleaba sin descanso y las mismas peleas eran el entrenamiento. En 1917 y 1918 Miske hizo 29 peleas ¡29 en dos años!, que es asombroso hoy que algunos no hacen 29 peleas en toda su carrera. Dos de esas peleas fueron con Harry Greb, “el Molino de Pittsburg”, uno de los más endemoniados y crueles rivales que podía tener cualquiera. Esos combates se recuerdan como más duros que vivir en el infierno, y de posible ejecución sólo porque los protagonistas eran dos hombres arriesgados hasta la insensatez.

En plena y exitosa carrera Miske enfermó gravemente de los riñones, con diagnóstico de la enfermedad de Bright, lo que para la medicina de estos días es una nefritis degenerativa, no obstante lo cual siguió peleando, ocultando hasta donde pudo sus padecimientos a su familia. Él era el sostén de su hogar y el dinero necesario sólo podía venir del boxeo.

Después de Dempsey, de esa derrota con quien fue posiblemente el mejor peso completo de la historia, Miske ya enfermo decidió ignorar la dolencia que iba a matarlo. Hizo veintitrés peleas en tres años y sólo perdió una. A finales de 1923 su situación era crítica cuando programó una pelea con Billy Brennan. Los médicos dijeron “no puede pelear, debe estar hospitalizado porque se está muriendo”, pero Billy consiguió que los comisionados de Omaha, Nebraska, le concedieran una dispensa para combatir porque –dijo— “quiero darle a mi mujer y a mis hijos una navidad como Dios manda”.

Peleó el 7 de noviembre y ganó la pelea noqueando a Billy Brennan en el cuarto round. En el tercero lo sacó del ring con una seguidilla de golpes. Ganó la pelea y perdió la vida. Miske no tenía más riñones, y sin riñones no se puede vivir. Cincuenta y cuatro días más tarde, en los primeros minutos del 1 de enero de 1925, cuando repicaban las campanas anunciando el Año Nuevo, Billy Miske moría a los 29 años de edad.

Nadie lo recuerda, nadie se rinde ya en homenaje a este guerrero apoteósico y ejemplar. ¡Murió por los que amaba! ¡Les regaló aquella Navidad!

Están los hombres que no cambian nunca nada, y están los que modifican el mundo con cada acción. Los seres pequeños sólo tienen ganas. Los grandes hombres tienen voluntad. Estoy seguro que usted entiende la diferencia.

17 de diciembre de 2013

Hace 61 años

El comisionado de boxeo de Nueva York se llamaba Bob Christenberry, y por fin se puso serio cansado de que los campeones se mofaran de todos exponiendo sus títulos ante rivales mediocres. Obligó al titular de los semicompletos, Joey Maxim, a arriesgar la corona ante un desafiante verdadero.

El aspirante se llamaba Archibald Lee Wright y hacía 16 años que combatía profesionalmente como Archie Moore, sin conseguir la oportunidad que merecía.

Pelearon el 17 de diciembre de 1952.

Maxim pagó la factura, siendo golpeado inmisericordemente por Moore, en Saint Louis, de modo que los jurados se vieron obligados a reconocer el triunfo del nuevo campeón. Un cronista explicó: “Así nunca nadie le pegó a nadie”.

Moore, que tenía 36 años y había sido durante 10 el aspirante más calificado sin recibir la oportunidad, ganó 800 dólares. Maxim ganó 100,000. En su pelea 108 como profesional, Archie Moore se convertía, por fin, en el rey. Campeón mundial, no campeón interino como les llaman ahora a los muchachos, humillándolos.

Hubo alguien que no perdió en aquella pelea de la que les conté: Jack Kearns, apoderado de Maxim. Se convertía en manager de Archie Moore, porque había condicionado firmarlo para que hubiera pelea. Ya entonces eran listos estos señores, como ustedes pueden ver.

15 de diciembre de 2013

Emocionante final de Campeón Azteca

Ramsés Agatón y el Muñeco Uribe tuvieron a la gente instalada en una locura rayana con el paroxismo. Derrocharon emociones en diez rounds terribles en la final de Campeón Azteca en la Ciudad de México.

La pelea es para el recuerdo, contrastando con la insufrible presentación que hace pocos días hicieron Guillermo Rigondeaux y Joseph Agbeko cuando tuvieron la mala idea de enfrentarse, lo que hago notar porque hay un sector del público que sólo ve peleas de grandes nombres, como si a la cita hebdomadaria hubiera que desecharla cuando los que convocan no se llaman Juan Manuel Márquez o Manny Pacquiao.

Rigondeaux es un boxeador que se disfruta y se padece al mismo tiempo, por esa rara coincidencia en él que es un tipo que lo tiene todo y no da nada. A veces sentimos ganas de aplaudirlo y otras veces de mandarlo al demonio. ‘El Faraón’ y ‘el Muñeco’, al revés, sólo se disfrutan. Son conmovedoramente simples, incapaces de egoísmos o especulaciones.

Fue empate la Agatón-Uribe, cosa que a mí nunca me ha gustado, que una pelea titular termine en tablas después de que combatieron bárbaramente equis número de rounds, en este caso diez. Nunca me han podido explicar las autoridades del boxeo por qué se oponen a que un round, de tres minutos, termine empatado (recomiendan ‘fuertemente’ (sic) a los jueces no dar rounds empatados) pero no se sonrojan facilitando que haya empates en el total de las peleas.

Mi prédica desde hace muchos años, a la que nadie ha hecho caso, es que en peleas titulares con puntuación de empate al final, se pida a los tres jueces un voto de calidad, es decir que declaren un ganador. O el otro camino es borrar del mapa la inconveniencia de peleas programadas a número par de rounds. Que en lugar de 12 tengan 13 u 11, que en lugar de 10 tengan 9 u 11. Tan sencillo, pero en el boxeo se cambia para mal todos los días, para bien toma muchos años.

Lo del voto de calidad tiene toda la lógica del mundo, ya que en la pelea de anoche, por ejemplo, yo no tuve duda en calificar cada round para uno de los dos, estableciendo un ganador, pero al final sucedió algo que sucede con frecuencia en las peleas parejas: se repartieron cinco rounds cada uno. ¡Qué hacerle, si el reglamento no se puede torcer!

El lado bueno del resultado empate es que volveremos a ver tan magnífica pelea, y en una segunda exhibición estos dos harán lo mismo o más, porque ya entrados en gastos no se van a bajar del entusiasmo. Campeón Azteca demostró una vez más que funciona bien como un poderoso estímulo para los peleadores. En cada presentación durante el torneo los combatientes fueron aumentando su rendimiento, y en la final lo multiplicaron.

Ramsés Agatón, el famoso ‘Faraón’, y Luis Fernando Uribe, ‘el Muñeco’, tienen estilos diferentes, pero coinciden en que son generosos, y los dos garantizan el espectáculo. El uno está cargado de recursos y boxea, en tanto el otro esconde sus limitaciones a puro corazón. Para colmo, Uribe no pega, lo que suplió en muchos rounds con un ataque pertinaz que enrareció el aire delante de Agatón. ‘El Faraón’ necesitaba espacios para esas bondades suyas y los recursos que le sobran, pero no los tuvo siempre (a los espacios), porque ‘el Muñeco’ era insistente y molesto, estorboso hasta la obsesión, con tanta voluntad que lograba abrirse paso a la antesala del rostro del que había subido favorito. Agatón lo quería lejos, ‘el Muñeco’ estaba aquí, delante de la barbilla, donde se ve el aliento cuando hace frío y donde el rictus de rabia de cada uno los hace presa en las decisiones porque desnuda quién puede y quien no puede. No se miente cuando los ojos están a seis centímetros de los ojos de enfrente.

Repartieron esfuerzos y rounds, y la pelea que fue de estrategias de principio a fin, fue también de resistencia física y de temperamentos. Es difícil que estos dos mundos vayan unidos. Cuando se cae en la lucha de quién aguanta más, lo habitual es que las estrategias se dejen de lado y el cerebro emocional prevalezca sobre el neocortical que es el intelectual. Anoche pelearon bárbaramente, y lo hicieron siempre bien.

Con estos antecedentes es difícil imaginar a uno de ellos subiendo con ventajas a una próxima pelea, porque otra vez todo volverá a contar. ¿Se podrán entrenar algo mejor? ¿Podrán desarrollar algún recurso nuevo? Minucias, poca cosa, no vale la pena detenerse en esto. Tendrá que ver mucho más lo intangible, los arrestos de cada uno en ese momento, lo que el músculo pueda dar en calidad de extra, la suerte y la voluntad del dios al que se encomienden, la grandeza o la pequeñez del alma que un día puede hacernos entregar más que otro día y nunca sabemos cómo o por qué.

La próxima pelea, como la de anoche, será colosal.

6 de diciembre de 2013

Perdió el campeón

Me habla Joe Koizumi desde Tokio, y me cuenta que es toda una controversia en Japón la derrota de Daiki Kameda el pasado martes, pese a la cual conservó el título supermosca de la FIB.

Su pelea con el venezolano Liborio Solís (16-3-1, 7 ko) era por la corona, pero éste no dio el peso. Marcó 117.5 libras en lugar de las 115 requeridas. Le ofrecieron las dos horas de reglamento para bajar pero dijo “no, gracias” y a continuación bebió siete botellas de agua y Coca Cola porque estaba al borde del colapso.

Pelearon, pero como lo indican las reglas Solís ya no podía campeonar. Ganó Liborio por decisión dividida y, según Koizumi, el público japonés “¡y algunos expertos!” ---dice Joe escandalizado--- no entienden por qué perdiendo sigue siendo campeón.

“Porque el título se gana y se pierde dentro de la división”, le explico, algo que él ya sabe.

Curioso que no se entienda. Siempre ha sido así y está bien que así sea. Responde a un razonamiento lógico, y Japón es un país boxístico.

1 de diciembre de 2013

Para qué sirve esta victoria del Maromerito

Los comentaristas de otros tiempos no se enteraban con tanta precisión de qué efecto provocaban sus opiniones.

Pero estos son tiempos de redes sociales.

En plena transmisión de anoche recibí dos tuits consecutivos, entre muchos. El primero de Acapulco y dice “gracias don Lama, son los mejores, box azteca es puro entusiasmo, conocimientos, me divierte mucho Chávez y los respeto a todos”. El siguiente dice “usted es un descarado que miente y que no dice qué rival le pusieron al Páez, un costal asqueroso”.

Es cierto que nos divertimos mucho en el Team Azteca porque amamos lo que hacemos y ver boxeo resulta una fiesta compartida que disfrutamos cada semana, con lo que quizá las dos afirmaciones que leí en esos mensajes tengan bastante de cierto, porque el oponente de Páez, efectivamente, fue un desastre. A veces hay peleas que salen malas y con nuestro trabajo las maquillamos para encontrar ángulos, resquicios, razonamientos que nos salven del aburrimiento.

El televidente enojado, sin embargo, me exigía hacerme cargo de su enojo y decir lo que él quería escuchar. Olvidaba el señor que hace muchas semanas no tenemos una sola transmisión siquiera regular en Box Azteca porque todas han sido de maravillosas para arriba, y olvidaba el señor que no se puede evitar que alguna vez el producto resulte mediocre, como pasa en el futbol o en cualquier actividad humana creativa. Jack Johnson fue uno de los peleadores más grandes de la historia y cierta vez en La Habana lo bajaron del ring, transcurridos 12 rounds, por no pelear. Nadie está a salvo del ridículo por lo que si se presenta no hay que sorprenderse demasiado.

Nada en este mundo es más fácil de entender, nos sentamos frente al televisor a ver boxeo y lo que ofrece el menú del día puede resultar en un abanico de posibilidades, en un extremo está el que todo sea muy bueno, pero en el otro está lo contrario. Sabemos bien los que comentamos que digamos lo que digamos no vamos a satisfacer a todos. A veces no nos va tan mal, pero no nos salvaremos nunca, eso no, de ese televidente que espera que algo no le guste para gritar fraude y ver monstruos de corrupción en nosotros, en la promoción y en la empresa televisiva.

No fue el caso de anoche, uno en que hubiera tanto para reclamar, nos entretuvieron Páez e Iván Hernández, que aun en una pelea desafortunada porque el colombiano la ensució pronto cuando se le complicaron las cosas, no sucedió nada para que nos llamemos estafados.

El boxeo colombiano no ha exhibido en tiempos recientes boxeadores que nos sorprendan demasiado. Hay una llamativa estandarización de la mediocridad. Todos los que han venido e Iván Hernández, que vino ayer, son iguales. Un rutinario cambio de nombres en cada ocasión, para producir lo mismo.
Hay que dar un paso entonces y preguntarnos qué es, cuánto vale y a dónde va este Jorge Páez que desde que le ganó dos veces a Omar Chávez se ha puesto en el escaparate y es un activo visible en el boxeo mexicano.

Por mi parte lo he ponderado mucho, porque me gusta su boxeo y su escenificación dramática en cada pelea. Parece que trae poco y ofrece mucho, logra ser espectacular y es fuerte y sin fisuras porque en todas las peleas recibe castigo sin hesitar.

Hace un tiempo que nos promete una pelea titular para pronto y es notorio que la hora de la verdad para él se acerca.

Pero atención, señores, y atención Jorge Páez, que si va a buscar un título en las 140 libras (63 kilos y medio), tendrá que contender con Danny García, con Lamon Peterson o con Ruslan Provodnikov, y yo sin rodeos les digo que no lo veo peleando en la élite entre otras cosas porque 140 libras él no las da hace seis años. Y porque a todos sus compromisos se ha presentado gordo, como anoche, y porque los rivales que ha tenido, llámense Iván Hernádez, o antes Rodolfo Quintanilla, o Edinson García, o Francisco Fuentes, o Charlie Navarro, u Octavio Castro, u Omar Chávez, no son Provodnikov.

Jorge ha tenido la fortuna de haber salido aplaudido de todas sus peleas, porque un poco gordo y un mucho sin cintura, lo hace bien sobre el ring, y ese mérito se le reconoce. Pero cuando el que esté enfrente en lugar de Rodrigo Juárez sea Danny García, notará la diferencia, y lo pagará con una derrota.

Es preocupante reconocerlo, porque a Páez no le quito méritos en lo boxístico. Es un tipo que tiene todo lo que tiene que tener para mezclarse con los mejores, pero le gusta comer demasiado, como a mí, y entonces subordina sus aptitudes boxísticas a sus limitaciones atléticas.

En mi libro EL BOXEO EN NÚMEROS digo que antes los boxeadores eran boxeadores, ahora son boxeadores y atletas.

No voy a insistir que “ahora tiene que trabajar y demostrar en la próxima pelea”, porque eso lo dije hace muchos meses y muchas peleas, y no lo ha hecho.

En estas condiciones las cosas están claras. Páez puede ser alguien de éxito y renombre en este deporte, pero no se ha metido (¿todavía?) a la preparación de alta competencia con la que se conquistan espacios en la cumbre. La inmortalidad para él aún está muy lejos. Lo hizo bien contra Iván Hernández, pero no nos muestra que pueda volar al cielo.

Ahhh… por último, se dice que pelearía en marzo contra Erik Morales. Será una buena pelea, la mar de interesante, por las condiciones de los dos. Morales fue una leyenda, que está en el ocaso, con lo que se nivela con Jorge que erráticamente busca caminos.

Como ustedes pueden ver, la pelea de anoche y lo por venir, nos dejan más preguntas que respuestas.

30 de noviembre de 2013

Hace 96 años

El 30 de noviembre de 1917, hace hoy 96 años, se retiraba del boxeo Monte Attell, oriundo de San Francisco, California. Campeón de peso gallo, modesto, fue con su hermano Abe Attell (éste un gran campeón de peso pluma) la primera pareja de hermanos campeones mundiales del boxeo.

Hubo un tercer hermano, Caesar Julius Attell, de pocas peleas y menores alcances.

Monte Attell logró, alrededor de 1909/1910 el reconocimiento de varias comisiones (como era entonces) como campeón mundial de peso gallo. Le ganó a Jimmy Reagan por puntos en 20 rounds, por ejemplo, en una de las bienhechoras peleas que lo catapultaron.

Cuando perdió el campeonato lo perdió en pelea con Frankie Conley, siendo noqueado en el round 42 de lo que habían pactado a 45, en la Jeffries Arena de Vernon, California.

En 1910 tenía sólo 25 años de edad, pero había dejado atrás lo mejor de su carrera de boxeador, y comenzó a perder, y perdió mucho, para hacer un total de 40 derrotas en su carrera de 111 combates. Lo curioso es que de sus últimas 24 apariciones no pudo ganar en ninguna. Logró algunos empates, pero ninguna victoria.

Monte murió en 1950. Tenía 75 años de edad y estaba ciego. Casi nadie lo recuerda. Sus restos descansan en el ‘Cypress Lawn Memorial Park’, en Colma. Tumba número 400.

29 de noviembre de 2013

Las corridas de toros

No me gustan las corridas de toros. Siempre sufre y muere el único ser vivo hermoso, inteligente y noble que hay en la plaza.

El toreo sobrevive como una de las prácticas más crueles que hayan creado los hombres para divertirse.

Correr toros para entretenerse, torturarlos, matarlos, sólo puede ser alimento de espíritus paupérrimos, devastados. Es más fácil explicar el porqué de una guerra que la presencia de público en las gradas de la plaza celebrando el dolor y el asesinato.

Es un crimen con todas las agravantes para quienes sostenemos que el animal no humano es sólo otra especie hija de la naturaleza, y que el animal humano ni es superior ni tiene derechos morales defendibles para arrancarle la vida sólo porque puede hacerlo. De hecho no puede hacerlo desde el comportamiento de un ser civilizado, porque el ser civilizado se conduce como se lo dictan su educación y deberes para con los demás y para con el universo que lo contiene, y no usa la potencialidad "poder" como sinónimo de aptitud para la barbarie. Puedo matar un niño. No lo hago por formación, no porque me amenacen con la cárcel.

Nada ha cambiado para esta humanidad bárbara que hace veinte siglos asistía al circo romano y hoy va a las corridas de toros. Cuando el hombre es silvestre se divierte con inmoralidades y las justifica: "la raza de lidia es criada para la muerte en la plaza", o "no sobreviviría la raza si no fuera por las corridas". ¡Pues que se extinga! ¡Qué carambas le importa al toro torturado asegurarse de tener hijos, nietos o compadres!

Nadie lo ha dicho mejor que la médica y bióloga española Nuria Querol: "Los antiespecistas consideramos que no es aceptable la discriminación arbitraria de otros animales por el mero hecho de pertenecer a una especie distinta a la nuestra ya que la relevancia moral no viene determinada por la inteligencia, sexo, raza, religión, edad, la habilidad para hacer macramé o cocinar magdalenas sino por la capacidad para experimentar placer y dolor."

Los toreros gozan de la impunidad que les da la descomposición de sociedades en permanente agonía, conducidas por ígnaros o sicópatas, y no me digan que exagero, o múestrenme en la geografía del poder dónde hay un estadista, que no encuentro ninguno.

Las reuniones taurinas son alegría para unos pocos insensibles al dolor animal y son angustiado sufrimiento para muchos seres piadosos y pensantes que quedan en el mundo. Lástima que los más, los mejores, los incruentos, deban asistir impotentes al cataclismo de vesania, de barbarie, de estulticia.

Cada quien se divierte como puede, en consonancia con su grado de formación y sus estados de conciencia. El Mochaorejas nunca estuvo en Bellas Artes. Imagínese lo que separa a alguien que goza con María Callas cantando Fidelio de otro que se regodea con la masacre de un ser sintiente en la plaza umbría.

En España, en México, en Francia, en Perú, al crimen algunos le llaman tradición, a pesar de estar documentado que el 80, 85 % de la población de los propios países taurinos rechaza la torpe fiesta. Las autoridades son siempre sordas y mudas. ¿Qué otra cosa que el negocio infame que hay detrás podría explicarlo?

Hace poco tiempo la ciudad de Granollers, cercana a Barcelona, se declaró "amiga de los animales" y prohibió las corridas de toros, tras lo cual el alcalde del lugar, Josep Mayoral, recibió un alud de críticas por el anuncio. ¿De quiénes podían provenir tales críticas? ¿De seres humanos elevados, sensibles, educados, capaces de rechazar el dolor y la barbarie, de respetar todas las formas de vida y de condolerse con los seres más débiles? Seguramente no.

A los que defendemos a los animales nos llaman locos, porque a quién diablos le puede importar el sufrimiento de un toro. A mí al revés, me es incomprensible la microscópica pequeñez de las mentes de esos forajidos que persiguen a un animal indefenso, provocando en los observadores más que asombro por su ignorancia, miedo, por recordarnos de lo que son capaces.

Cientos de especies desaparecen cada día de la faz de la tierra, y a los que respetamos a los animales y a la naturaleza nos llaman locos. ¡Locos ellos!, ¡locos los crueles!, ¡locos los depredadores!. El derecho que les asiste es ninguno. Son enemigos de la convivencia. La tolerancia que reclaman es la que podría desear un violador para someter a sus víctimas sin ser perseguido. Son fatuos, desalmados, sanguinarios.

Y los que llevan a sus hijos de siete, de ocho años, a ver desangrarse un toro hasta morir, rodeado de la burlona carcajada cínica de la masa acéfala... ¿tendrán cara para esperar mañana que sean hombres morigerados, de buenos sentimientos, buenos hijos, solidarios, comedidos?

La mucha o poca esperanza de redención para el mundo reside en los buenos hombres, los de corazones cultivados y magnánimos. Los que cambian siempre la muerte por la vida, la destrucción por la creación, los que participan de la humanidad sin servirse de ella.

Es necesario no sentir el dolor ajeno como ajeno. Hay que sentir el dolor ajeno como propio, como fórmula para vivir en un mundo mejor. ¿Es tan difícil de entender? Eticamente son aceptables todas las actividades humanas que no dañan a un tercero, aunque sea un animal.

No hay palabra más triste que la palabra torero.

27 de noviembre de 2013

Lo amateur y lo profesional de Vasyl Lomachenko y otros que vienen detrás

El zurdo ucraniano Vasyl Lomachenko tiene siete peleas profesionales, aunque algunos le atribuyan una. Hizo seis combates en lo que se llama el sistema AIBA (Asociación Internacional de Boxeo Aficionado), que ha venido a confirmar que esta época es la de mayor confusión y desorden, la de más escandalosa oscuridad en la historia del boxeo.

La AIBA los está haciendo pelear como profesionales y los autorizará a regresar a Juegos Olímpicos a pelear como amateurs. No se puede, pero la arbitrariedad los hace que puedan. No se puede porque se rompe la esencia del amateurismo, entre otras calamidades.

Se anuncia que Lomachenko pelearía con el Siri Salido por el título de peso pluma OMB, y la polémica sobre su récord se enciende. Lomachenko peleó seis veces como profesional entre el 11 de enero y el 10 de mayo de este año en Kiev (2 veces), en Bravary, en Londres, en Astana y en Baku. Todas las ganó por decisión a 5 rounds en conducción y administración profesionales de las peleas. No hay duda. Ni siquiera la AIBA lo niega. Llama a esta nueva práctica “AIBA Pro Boxing circuit”.

“Sólo los que tienen algún interés en el asunto niegan que esas peleas sean profesionales”, me dice desde Buenos Aires el periodista Osvaldo Príncipi.

¿Quién lo niega? ¿Quiénes dicen un discurso extraviado que no se anima a confirmarlos como profesionales? Algunos obsecuentes de la AIBA, como la Federación Española o como la Federación Argentina, que saben que algunos peleadores indubitablemente profesionales irán a los Juegos Olímpicos a pelear otra vez como amateurs contra amateurs, un sinsentido monumental.

No será Lomachenko el que vaya a Olímpicos, porque él ya encontró la fama y un futuro diáfano en el profesionalismo. Pero serán muchos otros, para que nadie entienda nada.

La AIBA usa una estrategia que consiste en que el público, incluidos los televidentes que son millones, no sepan lo que están viendo. Confundir, para pescar en la tormenta”, me explica Aníbal Miramontes desde su oficina en Nueva Jersey.

Miramontes es dueño-presidente de FightFax, la única empresa (ww.fightfax.com ) que provee récords tan confiables que para verlos en línea hay que pagar y la ABC (Association of Boxing Commissions de los Estados Unidos) dicta a sus afiliados que son los récords oficiales del boxeo, los que deciden cualquier controversia. Sus clientes son todas las comisiones de boxeo de Estados Unidos y Canadá y miles de otras en el mundo, HBO, Showtime, ESPN y los promotores británicos.

“Son peleas profesionales”, me dice Miramontes, con quien guardo una buena amistad desde hace 25 años, cuando los dos estábamos en el Consejo Mundial de Boxeo.

“Y estas son las pruebas”, agrega, con su lista:

- No usan cabezal ni camiseta.

- Utilizan guantes de 8 y 10 onzas hasta welter y desde superwelter.

- El réferi y los jueces trabajan con el reglamento de boxeo profesional.

- Les pagan.

Clemente Russo, el italiano, el policía de Campania, famoso por sus logros amateurs, lleva 18 peleas profesionales (16-1-1) y cada mañana de su vida reta a Wladimir Klitschko, a quien asegura que puede vencer. En una declaración reciente, que no se sabe si no tiene tono de burla, dijo: “El AIBA Pro Boxing circuit tiene ventajas en tres frentes: mantienes la elegibilidad olímpica, ganas dinero y haces realidad tu sueño de ser también profesional”.

Así transcurren los días de la AIBA, que podría hacerle al boxeo profesional un mayor daño que el que le han hecho los organismos profesionales con sus muchos títulos basura, lo que parecía imposible de empeorarse.

Paradójicamente dichos organismos tienen que defenderse con urgencia, porque la AIBA les quiere robar una porción (o todo, nadie sabe) de lo profesional, pero no tienen fuerza moral. Miramontes dice que la AIBA aporta confusión, y los que deberían poner orden hacen lo mismo, agrego yo. Usted ya sabe bien por qué. Los títulos de cartón y de manteca, los interinos y los en receso, los interinos de los interinos, los supercampeones y los eméritos.

Yo fui testigo de cuando el CMB era todopoderoso. José Sulaimán sentado a su escritorio en México le quitó tres rounds a las peleas de 15. De 15 a 12, y en dos meses todo el planeta lo había aceptado. Hoy nadie lo podría hacer. A los organismos no se les permite nombrar autoridades en Nevada, lo que habla del debilitamiento de éstos y de la miseria moral de los comisionados de Nevada. Todo aporta a una administración del boxeo en estado de putrefacción.

“No, Lamazón, --me dice Aníbal Miramontes (que es también Jefe de Clasificaciones en la IBF)-- no nos pongas en la misma bolsa, en la IBF no hacemos esas cosas, nosotros no tenemos campeones interinos ni supercampeones, somos diferentes”.

Y le respondo: “Pero tus estatutos dicen que el presidente de la IBF sólo puede ser estadounidense, no me pidas que te reconozca nada si tú me discriminas”. Concluye Miramontes diciéndome que tengo razón.

Hasta Cuba volvió al profesionalismo, al pelear este año un tope con México con el nuevo AIBA Pro. No lo reconocen, por la doctrina marxista y esas cosas.

Osvaldo Príncipi en Buenos Aires dice: “Algunos espacios (páginas) de récords no ponen las peleas AIBA porque no las tienen, no llevan récords amateur y no han podido resolver este espacio ciego hasta que las cosas se ordenen, es su talón de Aquiles”.

Vasyl Lomachenko peleó el 10 de mayo en Astana, Kazajistán, ganándole a Samat Bashenov en 5 rounds. Saltó luego al profesionalismo tradicional para vencer el 12 de octubre a José Ramírez en Las Vegas. Si pelea con el Siri Salido lo hará con antecedente de siete peleas profesionales.

24 de noviembre de 2013

Pacquiao vuelve con actuación impecable

Manny Pacquiao tiene casi 35 años, que cumplirá dentro de pocos días. Volvió anoche al boxeo despejando dudas. Nadie pudo apreciar ninguna secuela de aquella definición traumática y brutal a que lo sometió Juan Manuel Márquez hace un año.

A Brandon Ríos le sobró corazón y le faltó cerebro. Hay que tener la cabeza vacíapara creer que se tiene alguna oportunidad contra un genio del cuadrilátero como Manny sin exhibir otra cosa que fortaleza y valor.

De la pelea se puede decir que fue una pelea entretenida, pero no fue una gran pelea.

Para que un tiragolpes le gane a un dechado de facultades –pensemos por ejemplo en Giovani Segura doblegando a Iván Calderón—tiene que arrasar, asfixiarlo, robarle el aire, caerle encima con una tormenta de golpes que le resulte insoportable, y rendir su voluntad. Brandon Ríos no lo supo o tal vez lo supo y no pudo ejecutarlo porque el filipino en buenas condiciones, estaba escrito, era demasiado más que él.

Puede ser de conclusión engañosa la evaluación de este Manny Pacquiao de anoche, considerando que el rival no fue Márquez ni fue Bradley. Todo lo contrario, Brandon Ríos al atacar como un muñeco programado para chocar contra una pared, facilitó el trabajo del filipino y lo ayudó a lucirse. Digamos que no le creó problemas, no lo puso en riesgo y ofreció siempre a disposición del tagalo su cara, para que le pegara, haciéndolo rebotar una y otra vez, hasta el infinito.

Una sola de las características del mejor Pacquiao estuvo ausente: su aptitud enorme para salir de la línea de fuego después de atacar. No tuvo que hacerlo porque las réplicas de Brandon eran conmovedoramente inofensivas. Brandon peleó hasta la distancia de su largo de brazos, no abrió caminos, y ya sabemos que sólo gana el que conquista espacios. No hay que pelear ‘acá’, hay que pelear ‘allá’.

Todos entendemos la simpleza de este análisis que no da para más aclaraciones. Estamos obligados, sin embargo, a leer lo realizado por Pacquiao desde otro mirador. Si no lo vimos solucionando problemas, porque problemas no tuvo, debemos ver cómo hizo lo que hizo en plan de gustar, de moverse, de combinar la armonía del cuerpo al poner a funcionar brazos y piernas, en administrar el aire durante 36 minutos de acción y pensar si los golpes, pocos o muchos, que pudo conectar con solidez Brandon Ríos, nos revelan alguna grieta para decir ‘Pacquiao está dañado’.
No hubo revelación, queridos amigos. Manny se presentó entero, como en sus buenas noches, él solo es toda la orquesta, echa a andar el concierto y todo el mundo observa embelesado. El boxeo lo necesita inmortal. ¿Con qué lo vamos a reemplazar cuando no esté?

Lo demás, si lo de anoche le alcanza para derrotar a, digamos, un Floyd Mayweather, no lo sabemos, ni lo sabe Dios. Ganar los 100 metros no garantiza ganar la maratón, y menos mal que así son las cosas porque si conociéramos lo que hay por delante no habría ningún interés en examinarlo.

Tras la pelea Manny admitió que en el último round tuvo consideraciones hacia su fugaz enemigo, y lo dejó vivir, llegar de pie al final del combate. Brandon había pagado el precio recibiendo golpes y Pacquiao, como un general que conoce el honor y respeta los códigos de los hombres grandes, procedió escuchando a su conciencia.

“El boxeo no se trata de matar a tu adversario, sino de divertir a la gente”, dijo, y yo recojo la frase y la aplaudo y espero que la recoja la posteridad y dentro de cien años alguien le recuerde a los aficionados que hubo una vez un guerrero colosal llamado Manny Pacquiao capaz de decir estas cosas y de caminar con dignidad en el violento mundo del boxeo, hablando como un ser humano de conciencia elaborada. A ver si aprenden los que no aprenden nunca.

"Me suelo preguntar de dudas lleno --escribió el poeta (Campoamor)-- ¿son mejores los buenos o los justos?, y la elección va en gustos, yo doy todos los justos por un bueno".

De estos deportistas necesitamos muchos, para poner un contrapeso a tipejos infames que dan patadas en la sala de entrenamiento y se expresan en coprolalia defendiendo supuestos espacios y derechos y privilegios que ni tienen ni merecen.

Hay que saber elegir, señores, y es un imperativo moral. Lástima que del boxeo no se expulsa a nadie. Después de que se le perdonó a Mike Tyson mutilar impunemente a Evander Holyfield, hay que perdonar todo lo demás.

La pregunta obligada tras el combate de Macao es qué sigue para Manny Pacquiao, y para mí hay una sola pelea atractivísima que excluye a todas las demás, la pelea con Floyd Mayweather. La pelea más grande del mundo. Ya sé que no se pudo hacer a pesar de muchas negociaciones que se prolongaron por años. Pero hay un nuevo amanecer. Si Floyd mira hacia delante, no hay nada. Si Pacquiao mira hacia delante, no hay nada. Nada comparable a un choque entre los dos que haría para el boxeo un momento inigualable, una más de tantas grandes noches que hemos vivido sólo con lo irreemplazable.

Una pelea Manny Pacquiao Floyd Mayweather es necesaria e irreemplazable. Amén.

16 de noviembre de 2013

Sobre Jack McAuliffe y Jem Carney

El irlandés Jack McAuliffe fue un individuo que se dedicó a la práctica del boxeo con más que buenas calificaciones. Lo apodaron el Napoleón del ring. En mi libro EL BOXEO EN NÚMEROS lo ubico número 141 en la lista de los mejores peleadores de la historia. Hace hoy 126 años (1887) peleaba con el invicto inglés Jem Carney por el título mundial vacante de peso ligero.

Mc Auliffe y Carney contendieron en una sucia barraca en Massachusetts y la única luz ambiental la proporcionaban linternas que portaban algunos asistentes. A cada boxeador le fue permitido ingresar con 14 amigos, por lo que contando al réferi (único a cargo de la decisión en caso necesario), había en la semipenumbra de aquella pocilga 31 personas. Tanto misterio y cuidados eran necesarios para no alertar a la policía porque el boxeo era una actividad clandestina.

La verdad es que a Mc Auliffe lo acompañaba un puñado de malvivientes que, como solía ocurrir cuando su amigo llevaba la peor parte, en un momento de la noche que estamos recordando, armaron una batahola colosal y rompieron el rudimentario ring de la pelea, con lo que el réferi Frank Stevenson se vio obligado a detener las acciones declarando empate. Habían peleado 74 rounds.

Como ustedes pueden ver desde entonces se comete la insensatez, y a nadie hasta el día de hoy se le ha ocurrido corregirlo en los reglamentos, de permitir que una pelea de título mundial pueda terminar en empate si el título está vacante.

Por mi parte he propuesto desde hace muchos años que si sucede, se devuelva a los jueces la tarjeta del último round obligándolos a dar un voto de calidad anotando el nombre de un ganador. ¡Imagínense!, dos tipos peleando 74 rounds (o 12) y que tres (o uno) alegres inútiles al borde del ring no puedan decirnos quién ganó.

Volviendo a McAuliffe y a su pelea con Carney, así fue como el magnífico y ese día flagelado irlandés logró conservar lo invicto. Se retiraría en 1897 con récord de 31 victorias y 10 empates, sin haber perdido jamás, salvo que le creamos a Packey O’Gatty que le registró una derrota ante Jem Ryan el 30 de septiembre de 1897.

Curiosamente McAuliffe se casó dos veces con actrices, la primera se llamaba Katie Hart y tras su muerte la segunda fue Catherine Rowe.

12 de noviembre de 2013

La pelea Pacquiao-Ríos a escena

La gran pelea del resto del año es la que sostendrán Manny Pacquiao y Brandon Ríos el próximo día 23 en Macao. Este punto del territorio chino, el lugar más densamente poblado del mundo, a 70 kilómetros de Hong Kong, cobra relevancia como destino turístico con la premura con que sucede todo en el vertiginoso presente de ese país, y se señala también en el mapa del boxeo. Las peleas que ofrece Macao son algunas que estarían en Las Vegas si Macao no existiera. Nevada legalizó el boxeo en 1897. China, en su estafeta Macao, pretende erigirse como un sucesor que revolucione todo en este deporte, 116 años después.

Los peleadores que le han puesto su nombre a una era, como Manny Pacquiao, no tienen peleas fáciles ni compromisos de segunda calidad. A los 34 años (casi 35) nos mostrará si puede seguir o está de salida, como a esa edad se acabaron Muhammad Alí o Sugar Ray Robinson.

No hay estadísticas concluyentes que revelen si se regresa o no de un golpazo, de una conmoción brutal, desoladora, como la que sufrió Manny en la última pelea con Juan Manuel Márquez. Nino Benvenuti no se repuso nunca del nocaut que le aplicó Carlos Monzón en la primera pelea que disputaron, pero Antonio Avelar , contra Prudencio Cardona, sufrió un atontamiento igual o peor que Pacquiao y regresó a vencer a Gilberto Román.

Hay asuntos para los cuales las respuestas sólo están en las peleas. Ni Pacquiao sabe a ciencia cierta cómo podrá responder en la guerra que se avecina. No hay entrenamiento que arroje claridad sobre la blandura o fragilidad que un día insospechado puede hacer presa de un boxeador, por importante que sea.

Miren a Nonito Donaire. Una vez más en el boxeo falló el que era favorito 10 a 1. No me digan que Nonito ganó la pelea, porque ya lo sé. Señalo que le estaban dando hasta debajo de la lengua cuando logró la inopinada victoria sobre Vic Darchinyan el sábado. A Pacquaio no le va a pasar eso de llegar mal preparado, como Donaire, porque Pacquiao no comete errores en el entrenamiento, pero no sabemos si es el mismo. Lo que estoy diciendo es que en el boxeo nunca se sabe. La última gran noche de Pacquiao fue contra Margarito hace tres años y la más reciente actuación aceptable –aunque no gloriosa—fue la que perdió con Bradley, hace año y medio.
En cuanto a Brandon Ríos, yo no veo un rival que pudiera ser mejor escogido para este retorno del filipino. Ríos es torpe, frontal, previsible, insensato, espectacular y pelea como un loco que invita a llamar a una ambulancia para que venga en su auxilio, a ponerle una camisa de fuerza. Puede provocar que Manny lo reciba como recibió a Margarito, en la carnicería de Arlington, haciéndolo rebotar una y otra vez hasta el infinito, y teñir la noche de rojo sangre.

Pero Brandon Ríos es peligroso para cualquiera que sea humanamente capaz de cometer un descuido. Tiene muchas balas y las dispara como un orate dispararía una metralleta. La pelea esquemáticamente sencilla para Pacquiao es al mismo tiempo una pelea que Pacquiao puede perder si no logra encender la llama que durante diez años lo llevó de la nada del comienzo al pedestal que alcanzó y que todavía no abandona.

En otras palabras Manny Pacquiao está obligado a redescubrir al que fue, para volver a ser el atleta formidable que conocimos y que no estamos seguros de que aún exista.

Brandon Ríos subirá con esperanzas de hacer valer su juventud (más de siete años más joven), su espíritu imbatible y su condición física que es probablemente la mejor del mundo. Es un hombre de entrega obsesiva al gimnasio. Cuando termina de entrenar, entrena otra vez, y cuando vuelve a terminar le apagan las luces, lo corren para que se vaya a su casa.

Lo que los diferencia es la calidad, que hace a Pacquiao infinitamente superior, y lo que acorta distancias es el momento exultante de Brandon, su actitud ganadora, con la que puede empujar a Manny a un precipicio si acaso la incertidumbre que hay a su alrededor no puede ser conjurada con eficacia total.

Siempre escribo ‘pongámosle historias a las peleas’, para que valgan la pena. Por mi parte quiero ver a este Manny Pacquiao histórico y conflictuado. Su vida no es una vida, es varias. Transita entre una silla en el parlamento filipino y un ring de boxeo en cualquier lugar alejado del mundo. No siempre funciona este vértigo de existir. No siempre es lo mejor y yo no lo quisiera para mí. Manny se ha subido a un cohete espacial y ha renunciado a lo cotidiano simple, al placer de lo anodino, a la alegría sin porqué de las pequeñas cosas de la vida.

En fin, hace todo lo que hace porque es extraordinario, y hay que verlo, porque es extraordinario.

14 de octubre de 2013

La derrota de Juan Manuel Márquez

Respondo a algunas de las muchas preguntas recibidas tras la pelea Bradley-Márquez.

- ¿Márquez perdió?

Para algunos ganó, para otros perdió. Siempre sucede en las peleas cerradas, de estilos diferentes, que se deciden por puntos. Así pasó con Leonard-Hagler, con Pintor-Zárate, con las Barrera-Erik Morales, con Leonard-Hearns (el empate), con De la Hoya-Whitaker, con Louis-Walcott, con Gavilán-Billy Graham. La más polémica de la historia, no obstante, fue la tercera entre Emile Griffith y Luis Manuel Rodríguez, en el Madison, en 1963. Se recuerda que dos expertos de respectivas agencias internacionales diferían en 14 puntos sobre lo que habían visto.

- ¿Hubo robo?
El robo es otra cosa. En este caso los jueces trabajaron dentro de los límites de lo correcto. Con frecuencia los criticamos, este no es el caso. No podemos decir que la única verdad es la nuestra. Yo di la victoria a Márquez por una diferencia mínima, la misma diferencia que Julio César Chávez tenía a favor de Tim Bradley.

- ¿Pesó la edad a Juan Manuel Márquez?
En mi opinión, mucho. Entre el Márquez de la tercera pelea con Pacquiao, que en lo boxístico fue la última de sus grandes noches, y éste, hay un mar de diferencia. Márquez necesitaba sus piernas, para buscar a Bradley, pero sus piernas flaquearon.

- ¿Usted cómo explica ---me preguntan--- su tarjeta a favor de Márquez?
Sólo algunos rounds fueron de una claridad incuestionable. El 2 (Bradley), el 6 (Bradley) y el 9 (Márquez). En ellos estuvieron de acuerdo los jueces y yo con ellos. En los demás rounds no hubo unanimidad en los criterios. El último round dividió a los jueces, y para mi fue de dominio claro de Márquez, pero el golpe de poder que aplicó Bradley en el instante final de la pelea hizo que algunos optaran por votarlo a favor de Bradley. Fue un golpe, bueno y efectivo, pero no me hizo dar vuelta la puntuación que yo tenía en la cabeza a favor de quien había dominado el trámite de los tres minutos. En el boxeo los méritos no se miden con un metro, es asunto de criterios. El golpe de Bradley no lastimó especialmente a Márquez. Fue medianamente efectivo pero muy espectacular porque Márquez tuvo que hacer esfuerzos por conservarse de pie.

La visión round por round estuvo a la vista en la transmisión. En la visión global de la escenificación que es un combate de boxeo, Juan Manuel hizo del centro del ring una fortaleza, y la defendió. En estrategia Márquez no fue menos que Tim. Márquez tuvo menos piernas, pero ejecutó una estrategia correcta. De ahí en más es el criterio de cada observador el que determina qué ejecución le gusta más, el violín o la guitarra.

- ¿Qué le dice que al final de la pelea Bradley levantó los brazos y Márquez no?
Márquez no levantó los brazos porque estaba todavía sorprendido por el golpe de Bradley y fastidiado porque el cierre haya sido tan poco afortunado para él.

- ¿Por qué Chávez estaba tan enojado con su puntuación?
Chávez y cualquier persona pueden estar en desacuerdo con mi puntuación.

- ¿Se la dieron a Bradley porque Márquez no tiene futuro por su edad?
No. Nunca polemizo con quien ve una pelea uno o dos rounds diferentes que como yo los vi, sería insensato. Los jueces en esta ocasión no son motivo de escándalo.

- ¿Por qué la desilusión de todos don Lama?

¿Cuál desilusión? Porque perdió Márquez. Muchos esperaban que Márquez le hiciera a Bradley lo que le hizo a Pacquiao, pero el nocaut no siempre llega.

- ¿Qué le faltó a Márquez?
Nada. Peleó con todo lo que tenía. Peleó dignamente y bien. No tener piernas no es haberlo hecho mal.

- ¿Por qué a los de TV Azteca se les da por la Patria y nos quieren hacer creer que ganó Márquez?


- Hace dos semanas vimos perder al Junior y se la dan, ahora vemos ganar a Márquez y se la roban, de qué se trata esto?


- ¿Usted Lamita de cuál fumó el sábado?
No fumo. Gracias. Pero no puedo complacer a todos.

- ¿Qué opina de una pelea de Bradley con Mayweather?
Me parece muy interesante.

- No es que Márquez no haya podido, sino que Bradley corrió todo el tiempo?
No corrió, es su estilo. No puede pelear de otro modo.

- No sé mucho de boxeo pero no estoy ciega, don Lama, no le regale puntos a Márquez.
Bueno.

- Señor, vi una pelea pareja pero los golpes buenos fueron de Bradley, ¿qué opina?
Opino que fue una pelea pareja con más golpes de Bradley y mejores golpes de Márquez.

- Yo creo que ganó JMM, para pelear se ocupan 2.


- ¿Le parece bien alimentar el victimismo patético de aquellos que sólo saben achacar su fracaso a los demás?
...

- Sea coherente, no puede cambiar su forma de calificar de 15 días a ahorita…


- Con todo respeto vimos peleas diferentes, Bradley fue mejor, soy mexicano pero no voy a decir que Márquez ganó.
Gracias por comentarlo. Si todos viéramos la misma pelea…

- ¿Si se retira Márquez viene el diluvio?
Se abre una ventana a la incertidumbre, porque las nuevas figuras no terminan de consolidarse o no terminan de seducir al gran público. Sí, preocupa, pero la historia enseña que el recambio siempre llega.

- ¿Qué pelea sería muy interesante de un mexicano el año que viene?
Yo haría la pelea Chávez Jr. vs Canelo y sería la pelea más grande del mundo. Con las dos televisoras transmitiendo. ¿Qué les parece?

3 de octubre de 2013

“Chavez Jr es gran producto fallido del boxeo mexicano”

¿Cómo va la venta de “EL BOXEO EN NÚMEROS”?
Hasta ahora llevo 3 mil copias vendidas. Pero evidentemente si trabajaba con alguna editorial estaría pisando los 15 mil ejemplares, pero la verdad que no me interesa. Me siento conforme y feliz saber que no me arrodille ante la dictadura de quienes manejan los libros que quieren todo para ellos y poco y nada para el autor. En Argentina ya he enviado alrededor de 70 libros: Corrientes, Salta, Buenos Aires, Ushuaia y etc. El mismo que me compra mi libro se lo envío a cualquier parte del mundo.

¿Cómo estas con Julio Cesar Chávez?
Es mi compañero de trabajo para la Televisión Azteca.

Lo diste perdedor a su hijo…
Y es que perdió su pelea ante Vera…déjame decirte una cosa. Yo a Julio Cesar lo conozco mucho antes que se campeón del mundo. Hemos forjado una amistad y hoy trabajamos juntos en la televisión….

…pero en la ultima pelea de su hijo…
(aclara) …si es verdad que el sábado tuvimos un fricción con Julio Cesar. Resulta que él y Juniors (por Julio Cesar Chávez Jr.) fueron los únicos en verse ganador y en defender ese absurdo. El sábado pasado estábamos trabajando juntos y hubo algo de bronca. Entendamos el escenario. A Juniors le dan ganador y baja del ring siendo abucheador por todo el estadio, son motivos de vergüenza. Entonces Julio Cesar (padre) se la agarra con nosotros que somos sus compañeros habituales de trabajo. Pasa de comentarista en la televisión a “ayudante” al rincón de su hijo. Luego vino y nos tiró la bronca pero no paso nada. Seguramente luego lo aclararemos todo. Todavía nos tenemos que ver para la pelea de Cotto-Rodríguez.

¿Cómo lo viste?
Julio Cesar Chávez Jr. es un gran proyecto fallido del boxeo mexicano. Luego de caer en sus dos anteriores presentaciones, con “Maravilla” Martínez y esta ante Bryan Vera, es difícil que retome el camino. Julio Cesar Chávez Jr. no tiene conducta y un atleta de alta competencia no tiene disciplina de deportista que no lo tiene. Juniors está negado a aceptar la realidad. Después de pelear con “Maravilla” Martínez él estaba obligado a pedir perdón a todo México por haber fallado ante tantas expectativas. Pero fue al contrario, Julio Cesar Chávez Jr. se enojó con todo el mundo. Cinco días después dio positivo y peor aun, “ahora se quienes son mis amigo” lo dijo en su momento. Una porquería de amigos los que tiene entonces si te dice que sos el más “lindo” y el más “habilidoso” del mundo cuando estás fracasando. Es muy común que un boxeador no se dé cuenta de eso.

El principal inconveniente que tiene Juniors es cargar con el nombre de su padre.
Eso es verdad. Aquí (en México) si “La Zorrita Sosa” pierde no pasa nada. Ahora si caer Juniors lo matan. La gente está esperando que Julio Cesar Chávez Jr. pierda para hacerlo pedazos. Ya no lo toleran más, le han tenido mucha paciencia pero es porque él mismo no se deja ayudar con una buena actitud sana. Nadie debe esperar que Julio Cesar Chávez Jr. sea como su padre. Pelé no tuvo un hijo crak, ni tampoco Maradona lo hizo. Allí esta la culpa de Chávez. Los campeones del mundo engendran hijos, no campeones del mundo.

¿Cuál es el actual análisis que podrías hacer del boxeo mexicano?
Mira, Márquez es el actual mejor boxeador de México: peleador confiable, de casta y pese a sus 45millones de dólares en el banco continúa levantándose a las 4am para ir a correr. Inclusive los días domingos o cuando no tiene peleas a futuro. Tiene cuarenta años y quedan poco profesionales como él. En popularidad actualmente es difícil de superar a Márquez, Canelo y Juniors. Márquez se está por retirar y Canelo y Juniors vienen de fracasar. El boxeo mexicano está reacomodando sus figuras. Es difícil la popularidad pero en calidad todavía hay muchos. ¿Un futuro? Juan “el gallito” Estrada que todavía no enciende muchos televisores. Siempre digo que al boxeador hay que hacerlo pasar por las guerras y que sepan surfearlo.

¿Cuando se retira Juan Manuel Márquez?
Si pierde se retira. Pero si gana la pregunta sería ¿Cómo ser retira? Aparecen nuevamente las ofertas de 15millones de dólares para pelear y no hay en este mundo quién pueda rechazar esa oferta. La paradoja del boxeo. La oferta hace permanecer a las grandes figuras. Hace tiempo que no anticipo ningún resultado de sus peleas. Márquez me cerró la boca en su 3er pelea con Manny Pacquiao. Para entonces yo había dicho que no iba a poder por su edad. Los jueces dijeron otra cosa pero él gano arriba del ring.

¿El resultado de Canelo ante Mayweather fue un fracaso o una desilusión?
Sucedió exactamente lo que tenía que suceder. Televisa, el canal que tiene mucho poder en México, le hizo creer a la gente mediante abundante publicidad que la hazaña era posible. Yo no le reclamo nada a Canelo porque simplemente era imposible ganarle a Mayweather. Si quizás Canelo se conformó y no arriesgó el pellejo.

¿Qué escribiste sobre Lucas Matthysse?
Dije que Lucas Matthysse era un Formula 1 manejado por un ciego. Creo que está mal manejado. Tiene un potencial de lo más alto, ¡digo lo más alto! Que se entienda. Lucas Matthysse se puede desperdiciar, lo vi sin brújulas, perdido y que tendría que haber superado a Danny García por amplia comodidad. Considero que el escenario le quedó grande y no encontró refugio en su rincón. Le faltó contención.

¿Pero coincidimos que Lucas Matthysse tiene mucho futuro?
….(piensa)…si, pero para eso hay que hacer bien las cosas. Aquí también Juniors tiene un potencial que no aprovecha. ¡Ojo! No se ni quien lo maneja y no quiero lastimar al entrenador que lo maneja y vale la pena. Si me pareció que Matthysse estaba perdido.

¿A partir de que momento te das cuenta de eso?
En general. Lo del ojo fue un accidente que no se puede preveer. Me dijeron que no tenía hielo en el rincón. Lucas Matthysse era mi favorito para dar la gran sorpresa en EEUU. Subió al ring con todas la de ganar y le fue un compromiso. Lo vi a Matthysse quedándose.

30 de septiembre de 2013

El deslucido triunfo de Junior Chávez

El peor balance de la pelea del sábado no es el naufragio de Julio César Chávez Jr., sino constatar que los jueces están matando el boxeo. Cuando ocurrió el robo a Juan Manuel Márquez en la tercera pelea con Manny Pacquiao, hace 22 meses, todos pensamos que habíamos tocado fondo, que no veríamos nada peor. El boxeo, sin embargo, sigue a la deriva.

Julio César Chávez Jr. debería enojarse menos con las críticas y asumir que su vida de boxeador no tiene rumbo ni destino. Así no, porque hoy camina hacia ninguna parte. Él se instala en la negación de la realidad y desde ese mirador traicionero cree que sólo atisba enemigos. Si un coro de voces le grita al unísono que se equivoca, una decisión razonable sería cuando menos examinar qué está sucediendo. Cuando perdió con Maravilla Martínez estaba obligado a pedir perdón, por haber defraudado tantas expectativas, pero se enojó. Yo lo oí, cuando lo entrevistaba David Faitelson dijo: "ahora estoy viendo quiénes son mis amigos", y da la impresión de que ESOS que veía son precisamente los amigos que debería haber dejado de ver. Los que le dicen que es el más chingón y el más bonito cuando está fracasando y necesita que lo rescaten del error. Pero en fin, nada nuevo, son mil los boxeadores que se han perdido por no saber de quiénes rodearse.

El boxeo necesita a Julio César Chávez Jr., porque querido o no querido; bueno, malo o regular como boxeador, tiene rating y convoca multitudes, y los proyectos televisivos viven de eso. De todos los demás peleadores también viven, claro, pero los taquilleros son los pilares del edificio promocional.

Chávez puede salvarse o no para el deporte, depende de él, y si no lo logra se irá despacio e inexorablemente al olvido. El boxeo continuará, y verá pasar con dolor a otro de sus protagonistas que se malogra por falta de conducción.

En desesperada defensa de su dignidad, poco después de terminada la pelea en Carson, con la pírrica victoria sobre Brian Vera bajo el brazo, dijo que la gente lo abucheaba porque quería ver un nocaut que no llegó, y logró instalar una discusión que aún está viva entre los aficionados, sobre decidir en una pelea (en esta pelea) quién gana, el que pega más o el que pega más fuerte.

El debate es legítimo, y yo mismo debo aceptar que he predicado: "Los golpes de poder van por delante". Carlos Aguilar me preguntaba después de la pelea, yendo a las profundidades del tema: "¿Cuántos golpes te gustan, Lama, para intercambiarlos por un golpe de poder?" Le respondí que hay que usar siempre el criterio. El golpe con el que Márquez noqueó a Pacquiao vale más que todos los golpes del adversario, pero cuando el daño del golpe fuerte no es de esas dimensiones, hay que pensar, y volver a pensar: "¿Cuantos golpes de poder necesitaba Chávez para neutralizar e invertir el resultado de los rounds en los que Vera trabajaba tanto?"

Esta es una discusión siempre vigente. En la primera pelea Morales-Barrera los jueces se fueron por la cantidad (de Erik) sobre la calidad (de Marco Antonio), pero esa fue una pelea pareja. Nadie me va a decir que este Chávez peleó como aquel Barrera. Además los golpes de poder de Julio César Jr. tenían sustento en que él era un boxeador más pesado que Brian Vera.

Reducir el análisis de esta pelea a golpes fuertes de un lado y golpecitos del otro, me parece un despropósito. Hay algo que trasciende los movimientos mecánicos de los dos sobre el ring, y es la evidencia de que Junior no mejoró casi nada con relación a la pelea de un año atrás con Martínez. ¡Vamos, empeoró si miramos su peso inicuo! Otra vez pareció que lo habitan fantasmas que no lo dejan sacar lo mejor que tiene. Él es mucho mejor que este que vimos, pienso en las peleas que hizo contra Andy Lee, contra Ray Sánchez, contra John Duddy y hasta con Matt Vanda, aquella en la que fue injustamente abucheado. En todas esas peleas peleó hacia adelante, ahora peleó hacia atrás. Es mucho mejor dije, aludiendo a lo que potencialmente posee y que, dadas las circunstancias, no sabemos ya si alguna vez volverá a exhibir.

El examen round por round de la pelea del sábado unifica opiniones, sobre su derrota deportiva, pero no es posible ignorar que lo peor no fue la derrota (la que vimos todos, claro), sino la abulia, el desencanto, la falta de voluntad, la arrogancia al terminar el combate. La actitud autodestructiva perversa que lo está asesinando sin que pueda o quiera hacer algo para remediarlo. ¿Qué, alguien no se dio cuenta de que era un rival al que el mejor Chávez tiene que ganarle diez de diez peleas? Pero el problema es que el mejor Chávez ya no sabemos dónde está, o si existe.

La incompetencia de los jueces es capítulo aparte y una vez más, como ya con toda frecuencia, como las Siete Plagas del Apocalípsis, ha caído sobre el boxeo. No todos los jueces son malos jueces, pero los peores parecen conseguir con mayor facilidad una silla en las mejores y más importantes peleas.

El 17 de diciembre de 1977 pelearon en España el Brujo Ortega y Cecilio Lastra por el campeonato mundial de peso pluma. El juez Medardo Villalobos, panameño igual que el campeón Ortega, dio un fallo de 148 a 143 (5 puntos) favorable a su compatriota, mientras Jesús Bermejo entregó un resultado de 149 a 138 (11 puntos) pero favorable a Lastra, que --como él-- era español. Quizá no era lo peor que recogía la historia en materia de decisiones, porque en el boxeo ha pasado de todo, pero de esto se habló durante varios años, sin que nadie imaginara lo que vendría después.

En aquellos años era la maldición del nacionalismo (el nacionalismo, la manía de los primates, dijo Borges), pero después en el Consejo Mundial de Boxeo se reglamentó la neutralidad del jurado, que fue una gran medida, y que como corresponde a toda regulación buena... duró poco.

Llegó Nevada y su comisión de boxeo a proclamar que para qué neutrales si los que ellos tienen son muy buenos. California no se queda atrás, a veces, como acabamos de comprobar. De Nevada el boxeo necesita mucho más que esta actitud prepotente y canallesca de atropello a los demás del mundo. Necesita que encabece con los organismos del boxeo un movimiento para certificar jueces con candados que les impidan continuar si reinciden en fallos equivocados que están acabando con lo que queda de este deporte.

Me gustaría, por fin, decirle a Chávez Jr. que hay otra vida para un deportista, que quizá no todo está perdido, que debe reflexionar y sumarse a la lista de los que cuando se van dejan un recuerdo imperecedero porque se esforzaron y lucharon, que piense en ser sobrio en la relación con la gente, que en el sorprendente mundo del deporte se puede ser un triunfador con independencia de los resultados obtenidos en la cancha o en el ring. Edificando siempre, haciendo útil y valioso cada movimiento en el ajedrez del vivir.

15 de septiembre de 2013

Perdió Canelo, ¿alguien esperaba otra cosa?

Al Canelo Álvarez podrán reprochársele muchas cosas, excepto lo que curiosamente muchos le reprochan después de la pelea: no haber estado a la altura de Floyd Mayweather Jr. Yo rutinariamente escribo, y espero que nadie me reclame que no lo hago como García Márquez. Hay límites y hay niveles, y hay alturas que simplemente no estamos destinados a conquistar.

Antes de la pelea casi todos los pronósticos anticipaban lo que sucedió, la victoria por decisión del portentoso peleador estadounidense. Yo también dije en muchos micrófonos (aunque tantos individuos aseguran que no escribo de otras peleas que no sean las de TV Azteca porque TV Azteca “me lo prohíbe”) que tendríamos el resultado que tuvimos, dejando una posibilidad siempre viva de que pudiera acontecer otra cosa. Hay peleas donde sucede lo inimaginable y otras en las que no sucede nada extraño, como en la de anoche.

La historia del Canelo es la de muchos peleadores que lograron eslabonar una cadena impresionante de victorias en una carrera muy cuidada y que cuando llegó el día de dar el gran paso contra el campeón de turno, se desmoronaron. Le sucedió al célebre colombiano Mario ‘Martillo’ Miranda contra Juan LaPorte y también al impresionante Mike ‘La Cobra’ Colbert al toparse con Marvin Hagler.

Esta pelea era para Álvarez la búsqueda de una victoria que prometió tanto, y esperaba que lo pusiera a la altura de los grandes mexicanos Julio César Chávez, Rubén Olivares o Juan Manuel Márquez. No hay problema con que lo haya prometido. Está bien, nadie espera que un boxeador asegure que va a perder. Sí hay problema con que lo haya prometido mucho y lo haya procurado tan poco.

Da la sensación de que las cosas no se hacen del todo bien en su preparación. Y si no se hacen del todo bien en una pelea tan importante y cara, se hacen mal. Preparar a un campeón del mundo y o a alguien que va a cobrar diez millones y será escrutado por medio planeta es una labor de alta ingeniería, destinado a gente con un especial sentido de responsabilidad y vocación de excelencia. Un triunfador sólo puede poner su destino en manos de otros triunfadores.

Es inconcebible para mi que en dos meses de publicidad constante una muchedumbre de periodistas, reporteros, arrimados y afines hayan hablado tanto diciendo tantas boberías insustanciales alrededor de la vida del Canelo y nadie, nadie, nadie se haya ocupado de lo verdaderamente importante, es decir lo boxístico.

Cuando se pacta una pelea se hace en una negociación compleja, para la que se requiere la inteligencia de quien es capaz de ganar un campeonato mundial de ajedrez. Es necesario que se pelee todo como si en cada detalle nos fuera la vida: lo esencial era el jurado y la medida del ring, pero también qué acolchado tendría el piso, la marca de los guantes, la hora del pesaje, la esquina a utilizar, quién sube primero, etcétera. Nos retacan lo baladí de la vida del boxeador, que si fue o no fue novio de una locutora, o que si tiene un carro importado y está por comprar otro, pero de boxeo… nada. ¿Es aceptable que a nadie de los alrededores se le haya ocurrido preguntar qué negociación hicieron cuando firmaron el contrato? ¿Es posible que si Televisa, De la Hoya o el señor Reynoso defendieron algo de esto que había que defender como asunto principalísimo no nos lo hayan dado a conocer? ¿Es posible que nadie del grupo del Canelo haya incurrido en el pecado de una mentada de madres por el acto bárbaro, ignominioso, de los gringos que otra vez nos reciben con réferi y jueces gringos como el peleador que tenemos enfrente.

Es posible que haber sacado ventaja en estas aparentes minucias (no son asuntos menores, un ring de 5.50 no era lo mismo para la pelea que uno de 7.30 metros) no cambiara el resultado de la pelea, pero cuidar los detalles contribuye a hacer las cosas bien, y a ganar el round cero que es el más importante de los trece rounds en disputa. Para un corredor de Fórmula 1 sería una catástrofe no escoger bien las llantas adecuadas en un día de lluvia, y aquí es lo mismo.

Hace algunos años Canelo tuvo al frente de su equipo a Rafael Mendoza Realpozo, que es el mejor en México para cuidar con prolijidad estos pormenores que a su equipo actual parecen importarle poco, pero se pelearon y rompieron relaciones. Una lástima porque si lo administrativo está mal encaminado lo boxístico sobre el ring no parece estar mejor.

Veamos. Ya sabíamos que el Canelo no haría con sus brazos mucho más que lo que hizo en la pelea, porque en su larga evolución no ha podido crecer en combinaciones de golpes salvo cuando tiene al rival contra las cuerdas, presupuesto que con Mayweather no aplica porque Mayweather sabe no estar donde el rival quisiera que esté. Dependía entonces, para esta pelea, de sus piernas, que tendrían que haber ensayado en diez semanas de preparación movimientos de encerronas a Floyd que tampoco hizo. Yo hubiera jurado que Canelo los practicaría hasta que le salieran solos, con automatismo y rapidez, para encapsular a tan hábil fugitivo. No lo hizo. Sin estrategia no había esperanza.

Sin armas para la guerra ya no nos quedaba nada, pero todavía creo que Saúl debió hacer un cambio de ritmo y jugarse el pellejo en la segunda mitad. La hecatombe estaba a la vista y consumada, pero podía no dejarse morir antes de tiempo. A veces es mejor hacer el ridículo que no hacer nada. Para mi debió echarse encima de Floyd Jr., o cuando menos intentarlo, con brazos abiertos, con desesperación, con el desorden de quien corre mariposas en el campo, pero procurando propiciar el milagro.

La pelea era difícil, casi imposible, y encima el Canelo le facilitó el trabajo a Floyd Jr. Fue descorazonador.

Nada, señores. No hizo nada. No le pedíamos al nuestro que ganara la pelea, porque hay cosas que no se pueden lograr y todos lo entendemos, pero sí anhelábamos que aprovechara esta dichosa oportunidad incomparable para intentar el arrebato de cazar al prófugo del ring con mayor ahínco y fiereza. El Canelo hizo lo que hace el galgo en el galgódromo cuando persigue la zanahoria mecánica: corrió detrás de un espejismo, inalcanzable. Y no lo alcanzó.

20 de junio de 2013

"Me declararon persona no grata en Texas"

Nació en Buenos Aires, Argentina, pero se siente mexicano y presume su pasaporte con el águila y la serpiente. Hablamos con Eduardo Lamazón, analista en TV Azteca, quien dijo que los boxeadores actuales son "light" en comparación a los antiguos porque los tienen que cuidar más.

"Se pelea menos y los boxeadores hacen menos sacrificios para salir adelante. Hace 50-70 años había cinco veces más boxeadores que ahora, entonces la lucha por sobresalir era ardua", nos dijo Don Lama dentro de un evento realizado en la Universidad Iberoamericana a propósito de los 100 años del nacimiento de Kid Azteca.

Luis Villanueva Páramo, mejor conocido como Kid Azteca (en principio Kid Chino), peleó en 212 ocasiones según dice su nieto, quien ha documentado la carrera del legendario tepiteño.
"El récord "normal" de boxeadores de esos tiempos era de 150, 200 peleas. Ahora los boxeadores hacen 50 en toda su carrera, a veces porque los queman más rápido; se usan y se tiran", nos comentó Lamazón, ex directivo del Consejo Mundial de Boxeo.

Es cierto que el cerebro se inflama tras las peleas y los boxeadores deben recuperarse, pero Lama expone otro factor: "La televisión hace que no puedan pelear 40 veces en un año como Kid Azteca porque la gente ya los vio, entonces es menos atractivo que peleen la siguiente semana".

En cuanto a su trabajo como analista en Box Azteca, Eduardo Lamazón dice que lo disfruta todo, excepto una cosa: "Lo que NO disfruto que es viajar. Comprendo que la gente ahorra durante meses para hacer un viajecito y a veces no puede hacerlo pero yo me subí a los 16 años a un avión y no me he bajado. Me mortifica el aropuerto, la espera, levantarme a las 4 de la mañana para tomar un avión".

¿Cómo es trabajar con Julio César Chávez? "Es muy bueno porque Chávez está en un momento de superación personal que no abandona. Él pasó por todos los vicios y miserias y si lo digo es porque él lo reconoce y está orgulloso de haber superado eso. Siempre ha sido un buen amigo, tengo toda la vida de conocerlo, se esfuerza mucho por proteger la amistad".

Lamazón, quien está por publicar un libro, escribió un capítulo en el que habla de boxeadores que son "buenas personas", ¿Se refiere a los que no son viciosos?
"Los vicios pertenecen a la naturaleza humana, unos más otros menos. No me refiero a eso, más bien a la persona bondadosa, solidaria, buena amiga que está presente, capaz de entender los sentimientos y conciencia con el prójimo".

"Se dice que el boxeador más bueno que ha habido fue un campeón de los 40 que se llamaba Tiger Flowers. Le decian el diácono de Georgia. No era sacerdote -aunque ha habido sacerdotes boxeadores-. Pero él andaba con la biblia siempre, subía a pelear con la biblia, adoctrinaba a sus rivales y a todo el que se dejaba", dijo Don Lama.

Lamazón estuvo "vetado" en Texas.
Le preguntamos si alguna vez estuvo vetado de Las Vegas o de sus casinos, pero se trató de una confusión y en realidad se trataba del estado de Texas:

"En el estado de Texas me prohibieron porque estafaron a un boxeador mexicano muy humilde, una pelea que no vio nadie pero yo la seguí atentamente. El chico mexicano ganó todos los rounds y se la dieron al de Texas; les dije cosas nada bonitas y me prohibieron, me declararon persona no grata en el estado. Después de 3 o 4 años me olvidé y un día fui a una función y alguien de la comisión se acerca y me dice '¿qué haces aquí si estás prohibido?', pero ya me lo dijo en broma".

15 de febrero de 2013

Bernard Hopkins y su historia aterradora

El próximo día 9 de marzo Bernard Hopkins peleará por el campeonato mundial de peso semicompleto. Desafía al actual campeón que es Tavoris Cloud, de Florida, 17 años menor. Hopkins tendrá ese día 48 años, un mes y 22 días. Una edad que algunos consideran más adecuada para ver televisión con bata y con pantuflas, que para rajarse el alma sobre un ring de boxeo. En 130 años de historia nadie lo ha intentando siendo tan viejo. Si Bernard lo consigue será el primero y el segundo en la lista de los más vetustos en coronarse campeones, porque actualmente ya es el primero. El 21 de mayo de 2011, a los 46 años, 4 meses y seis días, derrotó a Jean Pascal a domicilio, en Montreal, Canadá, y se hizo con este mismo cinturón que quiere repetir porque meses más tarde lo perdió contra Chad Dawson.

Hopkins dejó atrás en esta inaudita carrera de resistencia a George Foreman, a Archie Moore, a Verno Phillips, a Evander Holyfield, a Roberto Durán, a Jersey Joe Walcott y a Corrie Sanders que son los venerables ancianos que inscribieron sus nombres en esta lista derebelde senectud.

El 29 de septiembre de 2001 Bernard Hopkins destruyó a golpes a Félix Trinidad en una dramática pelea celebrada en el Madison Square Garden. Algunos de los que vimos el combate al que Bernard había llegado siendo el no favorito absoluto, frente a un rival diez años menor, sabíamos lo que podía pasar y confirmamos tras los hechos que su pasado había tenido mucho que ver con el resultado.

Hay que ver de qué crueles penurias estuvo sembrado su camino, para comprender porqué este hombre podría caminar al patíbulo silbando una canción.

Recuerdo que pocas semanas antes de su cita con Trinidad, que era por mucho la pelea más importante de su vida, lo encontré en Miami y en una larga plática me dijo cosas que aún tiemblo al evocar. "Hablaré en el ring. No la pelea, toda la vida para mí es un enorme rencor contra todo y contra todos. Yo sé odiar y no lo escondo. Las señoritas y los señoritos que dicen que eso no está bien no han pasado por el infierno, y yo ahí vivía en una suite. Soy un tipo peligroso. Me dedico a destruir hombres y a hacer añicos sus sueños. Debe haber un tiempo para ser humilde en la vida de muchos, pero yo no sé de qué se trata, a mí no me ha tocado. El boxeo es una guerra para sobrevivir. El boxeo es un asunto muy serio y no estoy hablando en broma. Pienso violentamente. Jamás he lloriqueado al réferi ni digo, como he oído a muchos, 'señor, Hopkins me está lastimando'. El ring no es un templo, y el que no quiera contusiones que se vaya a jugar al golf".

Hopkins creció en las calles de Filadelfia en sus horas menos apacibles. Fue uno de ocho hermanos, hijos de Bernard padre y de su esposa Shirley. "Siempre tuve cualidades para lider -dice-, ya en quinto o sexto grado cualquier chico que tenía problemas con otro chico recurría a mí en busca de protección, y mi trabajo no era gratis, por supuesto. Cobraba un sándwich o unas bananas, pero siempre cobraba algo. Las muchachas golpeadas por sus novios recurrían a mis servicios, y yo les cobraba realmente poco por despedazar a sus galanes. Me daba placer lastimarlos el doble de lo que me habían pedido. Pero la verdad es que era muy ignorante, era un gamberro, un criminal".

Leí tiempo después una entrevista que le hizo Tom Hauser (el mismo que escribió la famosa novela-película 'Missing'), que agrega conceptos a lo que yo sabía y registré de lo que el propio Hopkins me contó en Miami. Es indudable que su historia no tiene desperdicio, y que él sabe contarla, por lo que vamos a dejar que continúe.

"La mayoría de la gente con la que traté en mi adolescencia eran bestias de la calle, pero yo siempre era más fuerte que cualquiera. Todo lo que tuve lo robé, pero nunca a una mujer y nunca usé armas. Mi arma era la intimidación. Veía colgada del cuello de alguien una cadena de oro que me gustaba, entonces me acercaba 'Hermosa cadenita... ¿la puedo ver?... déjame ver tu linda cadenita... ¡dame la maldita cadena ahora!... ¡ahora!' Llegué a tener mi reputación. Recuerdo casos en que me acercaba a alguien y me entregaba sus cadenas o el reloj antes de pedírselos. No me pregunte si alguien alguna vez se resistió. La respuesta es ¡no!"

"A mi madre le mentía. Cuando llegaba a casa con cosas nuevas robadas, y eso era todos los días, le decía que me las había prestado un amigo. Ella se preocupaba y me decía que algún día terminaría en la cárcel. Mis maestros pronosticaban que no viviría hasta los 18 años, y yo les creía. De hecho a los 14 alguien me enterró un picahielo cerca del corazón... no se lo reprocho, porque le había hecho algo muy malo que ni me atrevo a contar... pero le he hecho tanto mal a tanta gente que no me conmueve recordarlo. Mi cuerpo y sobre todo mis manos están llenos de marcas de mordidas recibidas en miles de peleas callejeras".

A los 17 años Hopkins fue sentenciado a prisión con una larga lista de cargos que prometían un encierro de 18 años. "No culpo al juez -dice ahora-, yo había sido detenido treinta y dos veces en dos años... ¡qué otra cosa podían hacer conmigo!... es más, encerrándome me salvaron del campo santo".

Por cincuenta y seis meses, desde 1984 hasta 1989, Hopkins fue uno de los tres mil reos habitantes de la penitenciaría del estado de Pensilvania. "En prisión los tiburones acechan esperando la mínima señal de debilidad que muestres, desde el momento mismo que llegas. Te bajan de un autobús azul y sientes que tiemblas desde el cuello hasta los tobillos. El miedo es tanto que no puedes estirar las piernas lo suficiente como para no caminar agachado. Ves en los ojos de los internos que te miran burlones y anticipas lo que te espera, para ellos tú eres carne fresca. Me dieron el número Y4145. Jamás olvidaré ese maldito número".

"Vi en la cárcel tal inmundicia humana que llegué a estar seguro de que yo era un hombre bondadoso. Estaba rodeado de asesinos, violadores, corruptores de menores, cabezas rapadas, mafiosos y cosas aun peores. Recuerdo que me bañaba con los calzones puestos porque por más grande que fuera nada se podía hacer cuando te asaltaban cinco o seis a un mismo tiempo."

No mucho después de su encarcelamiento, su hermano Michael fue asesinado a balazos en una pelea callejera. "Yo estaba en el teléfono -recuerda-, en la cárcel tú llamas por cobrar y tienes diez minutos para hablar... estaba hablando con mi madre y noté que algo andaba mal. ¿Qué sucede?, le pregunté. Entonces ella le pasó el teléfono a mi hermana Bernardette y ella se lo pasó a mi otra hermana Marcy, y finalmente era mi madre la que volvía al aparato a decir lo que nadie se animaba: 'Michael fue baleado anoche, está muerto'... y en ese momento el camarada que estaba detrás de mí en la línea me decía 'Come on, man, your time is over..."

Dice: "No culpo a nadie más que a mí mismo por haberme puesto y haber puesto a mi familia en aquella situación. Sólo mi madre fue a visitarme sin fallar jamás, dos veces por semana, y se expuso a la indignidad de que manosearan su cuerpo con las revisiones, todas las veces. Mi novia me dejó. Mis amigos no podían aceptar llamadas por cobrar".

El hoy renovado aspirante a un campeonato del mundo acepta que el boxeo jugó un papel decisivo en su rehabilitación. La penitenciaría donde estaba recluido era una de seis que compitieron en un torneo de boxeo, en el que Bernard ganó todas las peleas y fue el campeón nacional de peso medio en el campeonato de presos. "El boxeo fue mi mejor terapia -recuerda-, creo que sólo así pude mantener mi sanidad mental. En la cárcel me decían que estaba 'punch-drunk' y que estaba loco. Pero yo corría y corría en la pista de entrenamiento sin parar por horas. Me decía para adentro 'Algún día saldré de aquí... algún día seré campeón'."

Hopkins dejó la prisión en 1989. Libertad bajo palabra. "Desde entonces ni siquiera he escupido en el suelo."

"Salir es tan duro como entrar... casi todos mis amigos de juventud habían muerto, y los que sobrevivían eran traficantes o cosas peores. Hay que trabajar mucho la cabeza para aceptar que ya no eres bueno para votar pero sí eres bueno para pagar impuestos. Algunos hábitos de adentro se quedan con uno... un día alguien gritó 'Bernard, ya no estás preso, ¿por qué cubres tu plato con tu mano izquierda mientras comes?'"

Tras la cárcel se hizo formalmente boxeador. Han pasado 62 peleas, de las cuales ganó 52. En aquel encuentro de la sorpresiva victoria sobre Félix Trinidad ganó 2 750 000 dólares. Antes y después estuvo en veintisiete peleas de título mundial con salarios que variaron entre 6 y 11 millones de dólares en cada una.

Sin siquiera escupir en el piso.

A pesar de realidades como la de Bernard Hopkins, tan frecuentes, algunas personas no comprenden el porqué del boxeo.

La vida da vueltas.